EN DEFENSA DE LA MOCHILA AUSTRIACA
- 1 dic 2016
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En un contexto en el que España tiene un elevado déficit público y el mercado laboral es incapaz de generar empleo, y el poco que genera es de baja calidad, y en condiciones muy precarias, se ve necesario observar los modelos de otros países en los que exista un bajo desempleo, analizar dichos modelos y su posible implantación en nuestro país.
Entre todos los modelos europeos llama la atención el modelo de Austria, país con un 5,1% de desempleo, y sobre todo, la famosa “mochila Austriaca”, algo de lo que se ha hablado en España los últimos meses.
Este modelo consiste en una transformación de la indemnización por despido de un sistema de reparto a un sistema de capitalización. La indemnización por despido pasa de depender del Estado a través de las cotizaciones a la seguridad social, a depender de una cuenta individual del trabajador, en la que el empresario va depositando mes a mes una parte de su salario, y que se invierte en algún activo, obteniendo rendimientos. El trabajador podría disponer de esta suma, en el momento que fuese despedido, o en el momento que él quiera abandonar el empleo.
Actualmente el modelo español está basado en un sistema de reparto que obliga al empresario a pagar a la seguridad social una enorme suma de dinero por cada trabajador.
Salario total del trabajador antes de cotizaciones sociales
20.100
Cotización a la seguridad social a cuenta del empresario
-4.600
Salario bruto en nomina
15.500
Cotización a la seguridad social a cuenta del trabajador
-1000
IRPF
-1.500
Salario disponible después de Impuestos directos
13.000
Impuestos indirectos sobre el consumo
-2.100
Renta final disponible
10.900
Fuente: "Una Revolución Liberal para España", Juan Ramón Rallo
Cuando este se quede sin empleo si ha cotizado un mínimo de 6 meses dispondrá de un subsidio, que aumentara su duración según el tiempo que cotice el trabajador hasta beneficiarse de un máximo de dos años. Además este sistema se presenta injusto pues una persona que lleve trabajando 6 años, tiene derecho al mismo subsidio por desempleo que una persona que lleve 25. Esto genera otro problema, los buscadores de rentas. Se produce el incentivo a dejar de trabajar una vez tengas derecho a estos dos años, y volver a buscar empleo una vez este está próxima a su finalización. Cierto es que esto no sucede en el contexto actual, pero si anteriormente.
Además las empresas tendrán que pagar en caso de despido procedente la cantidad de 20 días por año, y de 32 en caso de despido improcedente. Esto supone un incentivo a las empresas de despedir a los trabajadores que les salga más barato, en vez de a los menos productivos, además de provocar que no se generen contratos indefinidos al elevarse el coste del despido.
La implantación del modelo austriaco puro presenta dos claras desventajas, como señala un estudio de FEDEA: el primero es que se producirían despidos ineficientes, pues como el coste marginal del despido es cero las empresas despedirían más de la cuenta; y en segundo lugar, al eliminar las indemnizaciones por despido se producen problemas adicionales de riesgo moral en el comportamiento de los trabajadores. Si las empresas fijan salarios diferidos, es decir, los salarios son menores que la productividad al inicio del contrato, y superiores a medida que avanza la relación laboral, los trabajadores no deberían aceptar estos contratos, pues la empresa tiene un incentivo a despedir a los trabajadores cuyo salario sea mayor que su productividad ya que no le repercute ningún coste adicional.
Por este motivo, se hace necesaria la implantación de un modelo mixto, asociado con un único contrato indefinido, como el que ha planteado un estudio de BBVA o Luis Garicano en el programa económico de Ciudadanos.
El modelo mixto planteado para España subsana estos problemas, para empezar porque iría unido a un único contrato indefinido, reduciéndose los temporales a casos muy concretos, y otro de formación para los recién llegados al mercado. Esto vendría acompañado de una modificación en el sistema de las indemnizaciones por despido que dependería de la antigüedad en la empresa del trabajador y de este fondo similar a la mochila austriaca. En el caso de los contratos temporales, la indemnización por despido seria mayor que en los indefinidos, haciendo así más atractiva la segunda modalidad de contratos. Cuando la remuneración estuviese limitada por el salario mínimo interprofesional, la contribución a la cuenta de ahorro individual sería realizada por la administración pública.
Además, en el sistema propuesto, la indemnización marginal es mayor cuando el despido es declarado improcedente, lo que reduciría los despidos ineficientes en relación con los que se producirían bajo un modelo austríaco puro.
La implantación de este sistema se produciría de manera obligatoria en los nuevos contratos, y de mutuo acuerdo entre el trabajador y el empresario en los contratos preexistentes.
El principal argumento para criticar la mochila austriaca, suele ser que como la aportación es una porción muy pequeña del salario las rentas más bajas serian las más perjudicadas, y que solo se notaria su efecto en el largo plazo. A pesar de ello, observamos que con el sistema actual en un entorno en el que priman los contratos temporales y cuya duración en la mayoría de casos es inferior a 6 meses, son pocos los nuevos contratos los que podrán disponer del subsidio por desempleo al finalizar su relación laboral, por lo que el modelo mixto propuesto no supondría ningún perjuicio para la mayoría. Sin embargo, este modelo produciría un aumento en el número de empleados que debe ser ahora mismo el principal objetivo, y mejoraría los contratos que se están generando en el mercado laboral español en la actualidad.

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